Viaje en barco Holanda

En el año 2007 tuve la suerte de convertirme en estudiante erasmus. Un año que encierra una vida y te une irremediablemente a las personas con las que lo viviste y a la ciudad que te acogió. En mi caso fue Gante, en Bélgica, con su neerlandés y su lluvia omnipresente pero también con sus bicis, sus miles de universitarios y su magia.

Mucha gente llega y esa misma noche ya está de fiesta y feliz de la vida, pero no fue mi caso. A mí me costó salir del cascarón. Siempre me cuesta empezar de cero y encontrar gente afín. Debe ser por eso que cuando me encuentro a mí misma ya no callo ni debajo del agua.

Carnet residente
Bici en el taller

Vivía en el piso 13 de una residencia enorme, Home Boudewijn, con gente de variada edad y procedencia. Desde nepalíes que dejaban a su mujer y sus hijos atrás para venir a hacer un doctorado y no volvían en años, hasta belgas que nos miraban a los extranjeros por encima del hombro, pero que, eso sí, organizaban unas fiestas geniales.

No prejuzgar y respetar siempre

Esa vida tan multicultural, esos olores a comidas tan extrañas y esas historias de vida tan diferentes a la mía, me enseñaron a no prejuzgar a nadie, a respetar siempre y a aprender de todo lo que tenía a mi alrededor.    

Notre Dame
Puerta de Brandemburgos

Mi otra casa era la facultad, la HILOK. La mayoría de mis amigos recibían las clases en inglés porque los estudiantes eran tan internacionales que directamente se impartían en este idioma para todo el mundo. Pero los de INEF siempre somos diferentes. A nosotros no nos daban clases teóricas, sino que nos daban los apuntes y si no los entendías pues te buscabas la vida.

Sin embargo, a las clases prácticas sí debíamos asistir con los demás y como eran en neerlandés, no entendíamos nada y simplemente imitábamos lo que hacían los demás, sin mucho acierto y para desesperación de los profesores. Algunos profesores pedían a los alumnos que nos lo tradujesen al inglés, pero estos pasaban de nosotros y solo nos veían como una molestia más dentro de sus clases.

Esa sensación de no saber ni por donde te da el aire. 

Por eso, ahora que tengo tantos alumnos que no saben español, intento hacerme entender como sea antes de comenzar un ejercicio, porque no olvidaré nunca esa sensación de que todo el mundo empiece a correr, a pillar, a bailar, a tirar pelotas, y tú no sepas ni por donde te da el aire.

Pont Sant Michel
12 años después
Porter House
Parte de la familia

Bares también había algunos. ¿Sabéis eso de que en Europa no se puede salir hasta tarde, a las 2 se acaba todo y blablablá? Pues no es el caso de Gante. Allí tienen cortinas enormes y cuando empieza a clarear, las echan y a seguir como que no ha pasado nada. Y si hay un bar especial para los erasmus, ese es el Porter House. Un Irish Pub típico de madera, donde siempre había algún conocido dispuesto a darlo todo contigo al ritmo de Günter.

Kilos de más y tristeza a la vuelta

Podría escribir durante horas sobre aquel año, sobre nuestro viaje en barco por Holanda, sobre los países que visité, sobre las fiestas a las que fui o sobre las personas y personajes que conocí. Pero creo que lo que mejor resume lo vivido, es que volví con unos cuantos kilos de más y una tristeza que se me metió dentro, esa famosa depresión posterasmus.

Inundamos de lágrimas ese Charleroi-Valladolid que nos llevaba de vuelta a la realidad. Unos lloraban por comenzar un noviazgo a distancia y otros porque sabíamos que ese avión era el fin de una relación, de un tipo de vida, de ese universo paralelo en el que tanto habíamos disfrutado. Eso sí, volvimos con una familia nueva, la que nosotros habíamos creado, porque éramos más que amigos y como tal nos seguimos tratando, para lo bueno y para lo malo.

Siempre Erasmus, siempre Student in Gent.

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