Spagat

Con 6 años comenzó mi andadura en la gimnasia artística femenina de competición. Esa decisión, que marcó mi vida a nivel personal y profesional, surgió de una manera bastante surrealista.

Una mañana estábamos en clase de música y se presentó un matrimonio búlgaro. Pidieron permiso para hacer una prueba a varias niñas que les parecieron con tipología apta para la gimnasia. Yo fui una de esas niñas, me miraron, me pusieron a hacer el puente y me dieron un papel para mis padres en el que les pedían que por la tarde me llevasen al Club Gimnasia Burgos. ¡Así funcionaban las cosas en los 90!

Empezamos 20 niñas y acabamos siendo 3 gimnastas

Por la tarde allí nos presentamos, me volvieron a mirar las piernas, los brazos, el abdomen y nos animaron a mí y a mis padres a que me apuntasen al club. Empezamos en un grupo que éramos 20 niñas que entrenábamos 1 hora y media al día. De ese grupo, al cabo de unos meses, seleccionaron solo a 6 gimnastas, que acabaríamos siendo 3, las cuales comenzamos a entrenar 3 horas diarias de lunes a viernes y 4 los sábados.

En esos momentos no había sitio para la gimnasia escolar ni de base, por lo que la expulsión de todas esas niñas no seleccionadas fue de una crueldad extrema para mis ojos de niña. No se las dio ninguna otra salida para seguir, simplemente se les dijo que no valían y que no merecía la pena que perdiesen el tiempo. Este ha sido el gran problema de la gimnasia artística durante muchos años y que parece que se está solventando, haciéndolo un deporte cada vez más abierto.

Los viernes y los sábados hacíamos ballet

A partir de ese momento los entrenamientos empezaron a ser de “deportistas profesionales”. Teníamos 7 años y hacíamos cada día una hora de preparación física y dos horas de aparatos. Además, los viernes y los sábados hacíamos ballet para perfeccionar la parte artística.

Nuestra entrenadora era muy exigente por lo que evolucionábamos bien en el deporte, pero a nivel emocional era demasiado dura, especialmente para mí que, según sus palabras, tenía un corazón de pajarillo. No recuerdo que nunca me dijese que algo estaba bien hecho, siempre había un defecto, un pero.

Aunque ella no tenía nada que ver con su marido, que había hecho un equipo similar de chicos y además de hacer daño con las palabras también lo hacía con la mano. Nosotras lo sabíamos bien porque la última semana antes del Campeonato de España entrenábamos con él. Estos días los llamábamos: la semana negra.

Los cumpleaños infantiles no sé lo que son

Parece ser que había un gran proyecto para la gimnasia en Burgos y que se habían volcado los recursos para conseguir resultados exitosos. ¿Pero a qué precio? ¿Merecieron la pena tantas horas entrenando bajo un sistema tan estricto? De mis compañeros de clase fui la única que no fue a las convivencias de 2º de primaria porque no podía faltar una semana a entrenar y los cumpleaños infantiles no sé lo que son porque nunca fui a uno ni pude celebrar el mío. Y todo para acabar dejando la gimnasia, junto con mis compañeras, antes de acabar la primaria.

Supongo que de esa infancia solo se podía acabar odiando o amando el deporte. Opté por lo segundo y me decidí por estudiar Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, para así poder hacer las cosas de otra manera. Como entrenadora de gimnasia solo he ejercido en dos clubs y puedo decir que por suerte las cosas han cambiado y para bien. Especialmente el último en el que estado, el Club Gimnàstic Barcelona, me ha enseñado como se puede empezar de cero en un garaje y conseguir, con mucho esfuerzo e ilusión, resultados espectaculares no solo a nivel competitivo, sino también humano.

¿Habéis practicado deporte de competición de pequeños o lo hacen vuestros hijos? ¿Qué opinais de entrenar tantas horas desde niños?

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